Si un signo es la relación real que organiza cómo los seres humanos habitan el mundo entonces la feminidad no sería ni natural ni imaginaria. A la gente le encanta (cuando le conviene) objetar por lo biológico para poder organizar la realidad social, pero si vivimos en el umwelt humano hecho de signos, algo puede ser no naturalmente biológico y aun así ser objetivo. En el orden de las cosas en el lebenswelt se materializan esos deseos, expectativas y comportamientos.
La feminidad heterosexual es en ejemplo de ello: se le exige a las mujeres encarnar capacidades y virtudes asociadas al varon heterosexual (todo quello asociado a la tecnica, competencia, autonomia, agencia) siempre y cuando mantenga los signos visuales y conductuales de la fragilidad femenina (que se traducen lamentablemente en deseabilidad erotica). Es decir, el deseo masculino heterosexual se estructura por una homoafectvidad signífica hacia las virtudes y conductas masculinas. En otras palabras, la cultura aplaude la independencia femenina pero condena conductas que debiliten la apariencia femenina. La mujer podrá apropiarse de las capacidades masculinas que atraen por supuesto a otros masculinos siempre y cuando emita al mismo tiempo las conductas de la fragilidad.
En el mundo natural, la feminidad no aparece tal como un “objeto” real, este es más bien un lenguaje que se practica silenciosamente antes de poder nombrarla. Las niñas hemos de aprender esto como una coreografía, cuando hablamos de “ser femenina” jamas se hace referencia a nuestro sexo, se describen como estos signos cuidadosamente entretejidos para formar una imagen legible, materializada y física.
La delicadeza por lo tanto no sería una característica física medible, ella es la puesta en escena de los pequeños movimientos y los gestos contenidos cuya presencia debe recordarse e identificarse por su luz sin ocupar demasiado espacio, el cuerpo femenino no debe ocupar espacio. Ni en el asiento del bus, ni en el eco del aula, ni en la talla de tu vestido ni de tu zapato. El cuerpo femenino aprende a reducirse caminando con las manos recogidas y la voz moderada.. como me escupo en la gente que tiene voz moderada. Las risas no deben estallar y los movimientos son estos pasos de baile ensayados para no tocar a nadie ni que nadie nos toque. La delicadeza en el fondo es la estética de la “no-intrusión”.
La pureza visual, el cuerpo que debe parecer libre de esfuerzo, de sudor, olor, o rastro de otro en ella. La limpieza del cabello, los dientes, las espinillas, los pelos de la nariz, de la uniceja. Cualquiera diría entonces que la limpieza que se exige es la narrativa de la ilusión de un cuerpo que no deja huellas. Lo mismo con la fragilidad falsa, donde el cuerpo y el sujeto que duele (la mujer) no debe sugerir resistencia, debe manifestar una ola de empatía en el cual la gente, los hombres desean ayudar, deseen invadirnos con sus brazos, manteniendo el deseo reptiliano, donde el hombre dice al cuerpo doliente “eres tan frágil que puedes romperte, yo puedo romperte”, la fragilidad actuada es la señal más grande de inofensividad que hay.
La mujer debe sin embargo proyectar valentía, no hablar de su dolor, ni compartirlo, debe portarlo como un collar caro o como parte de su cuerpo sensual, debe dejar que los demás se acerquen a ella y pregunten por su dolor, y cuando intenten salvarle de su situación ella deberá rechazar con astucia, amabilidad y cariño la solidaridad de éstos supuestos salvadores. La mujer debe dar la imagen clara de que debe ser salvada sin realmente dejarse salvar, porque si lo hace, pierde la virtud de apropiarse de las vicisitudes de la vida y de su enfermedad tal como lo hacen los “hombres de verdad”. En resumen, puede ser la representación del objeto que reemplazan, un hombre.
La imagen del cuerpo femenino pertenece al orden de aquello que la tradición llama ens rationis> son realidades que no existen como cosas físicas independientes más son plenamente objetivas porque si organiza la conducta del mundo entero. El objeto femenino ideal, es un cuerpo editado, una conducta, voz y discurso organizado. Su inteligibilidad depende de un sistema de signos porque incluso el cuerpo que pretenda proyectar desorden aparece regulado por el código.
Incluso cuando este cuerpo pretende proyectar desorden, dicho desorden aparece regulado por el código.Por ejemplo: la mayoría de las veces la cabellera femenina despeinada será una cabellera larga, abundante, sedosa, lacia. Jamás un pelo murruco ni un cabello poroso, ni un cabello con canas ni que éste cabello se vea tratado con químicos . Las uñas, la manicura, los pies, el andar descalza es sinónimo de sensualidad, de espontaneidad y de inocencia; los dedos y la curvatura del pie deben señalar o ser el objeto en representación de algo más. Tal vez los hombres y la sociedad quieren que nuestros pies se mantengan suaves, limpios sin callosidad, sin notar el esfuerzo que estos cargan porque les recuerdan a los pies de unos niños, de los niños jugando en el campo, pueden estar sucios si, porque el lodo los viste como una señal de juego. Pero sin agrietarse, sin aplanarse.
El ideal femenino, al no ser una cosa natural ni ilusiones privadas, pertenece a una estructura pública de significación entre el mundo legible y material y la vida social. En otras palabras, no es un cuerpo que simplemente existe, el cuerpo de la mujer lo han utilizado como un instrumento de orden social, el cuerpo es el signo.