
Lucy Hughes , diseñadora británica fue ganadora internacional del premio James Dyson en 2019. Creó Marina Tex, un material de embalaje biodegradable y sostenible hecho de residuos de pescado y algas rojas. Los plásticos que usualmente se utilizan para bolsas o herramientas de pesca, provinenen de la explotación de recusos naturales tal como ocurre con los bioplasticos de maiz o caña de azucar.
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Marina Tex utiliza los desechos de la industria pesquera como escamas y entrañas de pescado (que normalmente terminarían incinerados o en vertederos), haciendo que de un solo bacalao del Atlántico puedan producirse alrededor de 1,400 bolsas de Marina Tex. Otra de sus auténticas cualidades es la biodegradación rápida. Usualmente en nuestras tiendas de conveniencia vemos la etiqueta de material biodegradable en marcas para platos de plástico, bolsas u otros objetos. Sin embargo, para desintegrar este tipo de bioplásticos (como el PLA) se requieren plantas de compostaje industrial con altas temperaturas. Esto acarrea otros problemas y gastos de recursos. Por otro lado el World Economic Forum evidencia que Marina Tex se desintegra por completo en un compostador casero tradicional en un periodo de 4 a 6 semanas en temperaturas ambientales normales.
Además, la fabricación de este material es de muy bajo consumo; naturalmente, los plásticos derivados del petróleo exigen temperaturas mayores a los 150 °C, lo que implica también uso de toneladas y toneladas de agua. El plástico hecho a base de residuos de pescado es un material muy ligero cuya fórmula molecular (básicamente consiste en proteínas estructurales como la queratina y el colágeno, y se une a partir del agar de algas rojas y del quitosano de crustáceos) permite producirlo a temperaturas inferiores a 90 °C; esto hace que su huella de carbono se reduzca drásticamente.
¿Cuándo llegará Marina Tex a nuestras manos?
El material despierta gran entusiasmo a nivel global; sin embargo, aún no es posible encontrarlo en los supermercados. Es un proyecto que ha madurado hasta convertirse en la empresa biotecnológica Marina Tex Ltd, la cual ha decidido trazar una estrategia que consiste en comercializar su tecnología de recubrimientos de polímeros naturales en los grandes foros de la industria del embalaje, como lo son las ferias Packaging Innovations y Empack.
Actualmente, MarinaTex opera bajo un modelo de alianzas corporativas . Sus productos estrella (películas solubles y recubrimientos protectores diseñados para que el cartón resista la grasa y la humedad) se encuentran en una fase de pruebas piloto con marcas globales.
Marina Tex está trabajando en su compatibilidad industrial: el material debe estar formulado para integrarse directamente en la maquinaria que las grandes fábricas ya poseen, eliminando la necesidad de que las empresas modifiquen sus costosas líneas de producción (y asimismo quitando una posible barrera o excusa de las grandes corporaciones).
Por qué considero que América Latina es el escenario ideal para esta revolución industrial
En este panorama de transición ecológica, América Latina no solo tiene el potencial de ser un consumidor clave de MarinaTex, sino un productor líder. La región reúne las condiciones perfectas para adoptar esta tecnología gracias a dos grandes ventajas competitivas.
En primer lugar, la abundancia de materia prima. Potencias pesqueras y acuícolas como Chile, Perú, México, Ecuador y Brasil generan diariamente toneladas de subproductos marinos. Vísceras, pieles y escamas que hoy suelen ser subutilizadas o terminan convirtiéndose en focos de contaminación ambiental, podrían transformarse en el ingrediente principal de un empaque sustentable.
¿Cuáles creen que puedan ser las limitaciones de este material industrial?
Fairphone es una empresa neerlandesa de tecnología que desarrolla teléfonos inteligentes diseñados para facilitar su reparación y prolongar así su vida útil. En lugar de concebir el teléfono como un objeto fácilmente desechable, Fairphone intenta un diseño modular que permite cambiar partes como la batería, la pantalla, el puerto de carga, entre otras cosas, dependiendo de su modelo.
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¿Cómo funciona esta tecnología?
La modularidad, consiste en diseñar un dispositivo mediante partes que puedan sustituirse individualmente sin afectar al resto del sistema. Lo que permite que una avería localizada no implique desechar todo el aparato. Fariphone también ofrece los repuestos a un costo accesible y guías de reparación para los usuarios.
La importancia ambiental de esta propuesta se encuentra en que la fabricación de dispositivos electrónicos requiere minerales, semiconductores, agua y energía, además de cadenas de suministro internacionales. Según el Global E-waste Monitor 2024, en 2022 se generaron aproximadamente 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, de los cuales únicamente el 22,3 % fue documentado como recogido y reciclado formalmente en condiciones ambientalmente adecuadas.
¿Qué limitaciones tiene Fairphone?
Aunque su diseño facilita la reparación, obviamente el dispositivo sigue dependiendo de una cadena internacional de producción. Además, su precio y disponibilidad pueden limitar el acceso en países como Costa Rica. Comprar un teléfono reparable tampoco garantiza por sí mismo un menor impacto ambiental: la ventaja depende, en buena medida, de cuánto tiempo se utilice y de si realmente evita reemplazarlo por otro, además del conocimiento y cultura general que las personas tengamos en reparación de los dispositivos, el cual en la mayoría de los casos, en el contexto costarricense es nula.
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