¿Cuál es el motivo detrás de esta obsesión por la libertad?
Libro de Byung-Chul Han 2014
En esta reseña analizamos el texto “Psicopolítica” de Byung-Chul Han, un libro que desglosa el neoliberalismo y nuevas técnicas de poder.
¿Qué tiene que ver el trend del club de las 5 am con el neoliberalismo y nuevas técnicas de poder que Byung-Chul Han describe en su libro ?
Este concepto —club de las 5 am— nació a finales del año 2018 cuando un canadiense llamado Robin Sharma publicó un libro titulado El club de las cinco de la mañana. Tiempo después de una severa crisis de identidad y una extendida obsesión con la productividad tras la pandemia, en 2022 y 2024 el trend se consolida masivamente cuando miles de usuarios —cabe recalcar que de clase media y media alta— documentan y filman sus rutinas de productividad extrema desde las 5:00 am. Estas rutinas tan “originales” se repiten como una receta para el verdadero éxito y se venden como un secreto a voces para encontrar “el verdadero sentido de la vida”, que consiste en levantarse temprano para, inmediatamente después, leer 10 páginas de algún libro sensacionalista sobre crecimiento personal.
Luego de tomarse su smoothie proteico vitamínico vegetativo nutritivo… etc., se dirigen al gimnasio para, después de 3 horas de ejercicio, culminar su mañana locionando su cuerpo como una forma de protesta del “self care”.
Todo el libro de Byun Chul Han hace referencia a estas nuevas tecnologías y artificios de dominación, donde se defiende la explotación de la libertad como una forma absurda de “oponerse al sistema”, porque “ni tu ni yo” queremos ser como el resto de personas mediocres y promedio “que no se levantan a las 5 de la mañana a nutrir su cerebro y a producir para una vida libre del consumo de comida chatarra”. Somos libres de utilizar esas horas de la madrugada en que podríamos estar durmiendo para ver el stock, el mercado y el incremento del bitcoin… ¡A poco sí, mi Elon Musk!”
Han comienza hablando sobre la explotación de esta libertad, concretamente analiza la forma de vender la libertad para la era neoliberal. Esa es la nueva forma de controlarnos a todos. Han (2014) “La sensación de libertad se ubica en el tránsito de una forma de vida a otra, hasta que finalmente se muestra como una forma de coacción. Así, a la liberación sigue una nueva sumisión. Este es el destino del sujeto, que literalmente significa «estar sometido» “ (p.7).
El autor critica el hecho de que a los individuos nos encanta pensarnos como libres, y que somos nuestro propio proyecto; el hacernos el skin care todas las mañanas y leer decenas de datos “científicos” al día nos da una sensación de que estamos creciendo como personas. Así, el yo como proyecto tiene la ilusión de haberse zafado de las coacciones externas y de las coerciones ajenas, para someterse a “sus propias reglas” en forma de rendimiento y optimización.
La importancia del lenguaje positivista como mecanismo de manipulación
Han plantea que una de las técnicas es como se utiliza el lenguaje —con fines maquiavélicos y manipulativos— en vez de decir “”debes” , dice “puedes” . La sociedad disciplinaria descrita por Michelle Foucault, funcionaba mediante instituciones y espacios donde se ejercían dinámicas de poder como en la escuela, el barrio, la fábrica, el cuartel y la prisión . Había horarios, normas, prohibiciones, jerarquías, castigos; el poder tenía una exterioridad bien reconocible, casi un organigrama. Había alguien que vigilaba, alguien que ordenaba a alguien, alguien que castigaba a alguien. Han confiesa que esas formas ya han desaparecido en los esquemas mentales de los individuos —por eso el libro se llama psicopolítica— porque aunque siguen existiendo leyes y cárceles, nos enfrentamos con una nueva forma de vigilancia. El autor no solo habla de la vigilancia de la cual todos estamos conscientes —esa que habla de que la inteligencia artificial, el Big Brother y el Big Data saben cuáles son nuestros gustos y nuestras corrientes de pensamiento a partir de algoritmos—. Pero Han dice que este modelo productivo capitalista neoliberal, funciona haciéndonos creer a nosotros que “podemos” que somos capaces de realizar con nuestras vidas y nuestros sueños lo que queramos, siempre y cuando creamos que puede ser cierto y no dejemos de producir.
¿Cómo distinguir entre aquello que deseo y aquello que he aprendido a desear? Si nadie — y creo que muchas mujeres se sentirán identificadas con esta comparación— me obliga a ser delgada, ¿significa necesariamente que mi deseo de serlo es libre? El poder contemporáneo no necesita siempre imponernos narrativas autoritarias sobre aquello que deberíamos querer o, en términos del autor, “podemos” obtener. Resulta mil veces más conveniente cuando el poder consigue intervenir en la formación misma de estos deseos “propios”, hasta el punto de que terminamos experimentándolos como decisiones sacadas enteramente de nuestra cabeza.
La confusión entre lo que quiero y lo que se debe querer.
La escritora aquí presente, por ejemplo, es una mujer cis de veintitrés años a punto de graduarse de la licenciatura en Psicología. Sin embargo, cuando me he detenido a observar la jerarquía de mis preocupaciones cotidianas, descubro que gran parte de mi energía está dirigida a mi aspecto. A verme delicada, bonita, delgada e intelectualmente brillante, y por supuesto, debo conseguir todo esto sin que parezca que me esfuerzo de más. Hambre, disciplina, horas pensando en mi cuerpo…— ¡Pero por favor! Si yo naturalmente mido 1,62 y peso 48 kilos así, sin más, al natural. —Esto es sarcasmo—.
Nadie tiene que sentarse frente a mí y ordenarme que mantenga ese peso. No existe un custodio que mida mi cintura ni una institución que me entregue por escrito el aspecto que una psicóloga debe mantener. Pero con el paso del tiempo he venido sospechando que mi preparación intelectual no es suficiente: que antes de que alguien escuche lo que pienso, leerá mi cuerpo, mi cabello, mi ropa, mi feminidad y, por supuesto, que en una entrevista laboral se fijarán en la circunferencia de mis brazos. —sarcasmo otra vez—
Ahora bien, todo esto significa que estoy ejerciendo mi libertad, ¿cierto? Toda esta apariencia la escojo alrededor de una justificación meramente profesional: cuánto mas dulce e inofensiva parezca— pienso yo — más empática los pacientes/ clientes me percibirán.

Es ahí que lo que comenzó como una imposición cultural, una simple sugerencia de los lineamientos aceptables o deseables, termina regresando a mí bajo la forma mucho más convincente de una elección personal. La ausencia de una orden — como lo conocíamos en los años de Foucault— no demuestra la existencia de libertad.
Han describe que por eso resulta tan difícil de combatir, pues no se puede identificar la forma de la coacción y, por ende, ¿contra quién me rebelo cuando la exigencia habla con mi propia voz?
Y aquí voy al otro punto que el autor toca: la fábrica industrial necesitaba disciplinar principalmente el cuerpo, pero la economía contemporánea necesita explotar también la atención, la comunicación, la creatividad, la motivación, las emociones, las preferencias e información, muchísima información. Por eso Han argumenta que el centro de gravedad del poder se desplaza de la biopolítica hacia la psicopolítica, del gobierno del cuerpo y de la población hacia una intervención cada vez más sofisticada sobre la psique:
En el Post-scriptum sobre las sociedades de control, Deleuze diagnostica una crisis general de los entornos de reclusión.1 Su problematicidad reside en su carácter cerrado y rígido, poco adecuado a las formas de producción inmateriales y en red. Estas presionan hacia una apertura y una deslimitación mayores. El topo no puede soportar esta apertura. En su lugar surge la serpiente. Este es el animal de la sociedad de control neoliberal que sucede a la sociedad disciplinaria. A diferencia del topo, la serpiente no se mueve en espacios cerrados. El topo es un trabajador. La serpiente, por el contrario, delimita el espacio a partir de su movimiento. La serpiente es un empresario. Es el animal del régimen neoliberal. El topo se mueve en espacios preconstruidos y se somete con ello a limitaciones espaciales. Es un sujeto sometido. La serpiente es un proyecto, en la medida en que genera el espacio a partir de su movimiento. El tránsito del topo a la serpiente, del sujeto al proyecto, no es una irrupción hacia una forma de vida totalmente diferente, sino una mutación, incluso una agudización del capitalismo. Los movimientos restringidos del topo ponen límites a la productividad. Aun cuando trabaja de forma disciplinada, no supera un determinado nivel de productividad. La serpiente elimina la limitación a través de nuevas formas de movimiento. De este modo, el sistema capitalista basado en el modelo del topo cambia al modelo de la serpiente para aumentar la productividad. El régimen disciplinario, según Deleuze, se organiza como un «cuerpo». Es un régimen biopolítico. El régimen neoliberal, por el contrario, se comporta como «alma».2 De ahí que la psicopolítica sea su forma de gobierno. Ella «instituye entre los individuos una rivalidad interminable a modo de sana competición, como una motivación excelente». La motivación, el proyecto, la competencia, la optimización y la iniciativa son inherentes a la técnica de dominación psicopolítica del régimen neoliberal. La serpiente encarna sobre todo la culpa, las deudas que el régimen liberal establece como medios de dominación (Han, 2014, p.18)
La casualidad entre la corriente psicológica más popular en la actualidad y las estrategias de poder.
La terapia cognitivo-conductual —que es una de las poquísimas corrientes “basadas” en evidencia de psicología— fue hecha en medio de la guerra, dentro de un contexto que buscaba entrenar a los soldados a no sentir remordimiento al matar y, por consiguiente, a ser máquinas de matar. Ahora con la ia, los algoritmos, tiktok, etc., todas las batallas que se ganan a nivel político se ganan primeramente a nivel psíquico y a nivel emocional .
Entre líneas se lee que los sujetos estamos tan obsesionados con la optimización de nuestras vidas que no queda espacio para la reflexión crítica de lo que pasa afuera en el mundo… con nuestros políticos. Nuestra creatividad es cada vez más escasa, entiendo, por ejemplo, que el nuevo modelo de ChatGPT hubiese escrito mucho mejor esta reseña, y claro, la competencia por sonar inteligente, formal y atrayente es agotadora cuando las personas competimos con la perfección de las máquinas.
Han menciona que no existe una versión definitiva de “mi mejor versión”; todos los días se “puede” alcanzar un nuevo estándar en todo aspecto de la vida (dejando casualmente por fuera la imaginación y la creatividad) — que al final nunca se alcanza porque el cielo es el límite— . El imperio de la prohibición ha quedado en el pasado, así como el castigo disciplinario; nos encontramos en la era del poder inteligente o el Smartphone/Smartpower, una técnica de gobierno permisiva y amable que no nos silencia sino que nos tienta a comunicarnos y a confesar voluntariamente nuestros anhelos más íntimos— una manera de hacernos creer que tenemos control total sobre nuestras mentes— . Han incluso criticaría (si él leyese esto) en el último capítulo Idiotismo la manera que tengo de pensar o de proyectar esta reseña de su libro. Al poner ejemplos personales y divulgándolos en una página web.
La figura tradicional del trabajador explotado por un tercero va a cederle el paso al empresario de usted mismo o de mí misma. El conflicto ya no enfrenta al proletariado contra la burguesía en una lucha de clases externa; la batalla se ha transformado en una guerra civil contra uno mismo y, muy importante, contra “lo que no queremos ser”. Esta forma de gobernar que tienen los multimillonarios hacia las clases media y alta —porque incluso la clase alta en Costa Rica está mucho más cerca de las clases pobres de lo que está cerca de personas que tienen verdadero poder— es estratégica, pues a nivel mental, se nos ha entrenado para odiar a nuestra misma clase social y a las inferiores. Queremos pensar de nosotros mismos que somos más cercanos —y tenemos más derecho a pertenecer— a una clase burguesa que vernos como lo que somos.
Entonces, cuando el sujeto del rendimiento fracasa en este imperativo de optimización, la agresión no se dirige hacia el sistema sino hacia el propio yo, generando un colapso psíquico, manifestado en enfermedades como la depresión o el síndrome de burnout. La biopolítica se volcaba hacia el control del cuerpo dócil y la manifestación o administración ortopédica de la población; sin embargo, Han sostiene que este paradigma corporal ha quedado atrás frente al capitalismo inmaterial y financiero contemporáneo . Las personas de clase media y media alta viven una ilusión; viven en historias de TikTok, en espacios que realmente están desprovistos de sentido — como hablábamos en el libro “La intimidad como espectáculo” de Paula Sibilia— . El autor advierte que las tecnologías como teléfonos o apps intervienen en las prácticas de autoconocimiento y cuidado personal, y que se disfrazan como espacios de resistencia. Sin embargo, estos terminarían siendo enteramente cooptados por el mercado para convertirlos en eficientes herramientas de la autoexplotación a través del coaching, el management emocional y la literatura de autoayuda.
En este momento estamos viviendo en un panóptico digital y totalitario del dataísmo, nos encanta coleccionar datos; es casi patológico. ¿Qué es eso de levantarse a las 5 de la mañana para leer sus 10 páginas diarias, disfrazado como un reto personal con el objetivo de tener, en conversaciones de mesa, consejos que usted necesita con las palabras de libros neoliberales?
Entonces, el panóptico digital funciona perfectamente porque ahora estamos siendo totalmente vigilados por lo que las redes sociales consideran aceptable, terminando así en un bucle de datos e información que, al final, solo reproducimos para seguir optimizando y produciendo “la realidad soñada”.
Hace del cuerpo una máquina de producción. Una «ortopedia concertada».4 Las disciplinas son «métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad».5 El poder disciplinario es un poder normativo. Somete al sujeto a un código de normas, preceptos y prohibiciones, así como elimina desviaciones y anomalías. Esta negatividad del adiestramiento es constitutiva del poder disciplinario. En esto es similar al poder soberano que se basa en la negatividad de la absorción. Tanto el poder soberano como el disciplinario ejercen la explotación ajena. Crean al sujeto obediente. La técnica disciplinaria opera no solo sobre el cuerpo, sino también sobre la mente. El término inglés “industry” también significa «diligencia». Y otro significado de Industrial school es «correccional». Bentham indica que su panóptico edifica moralmente a los reclusos. No obstante, la psique no está en el punto de mira del poder disciplinario. La técnica ortopédica del poder disciplinario es muy burda para penetrar en las capas profundas de la psique con sus anhelos ocultos, sus necesidades y su deseo, y acabar apoderándose de ellas. El Big Brother de Bentham también observa a sus reclusos desde el exterior. Su panóptico está ligado al medio óptico. No tiene ningún acceso al pensamiento o a las necesidades internas. (Han, 2014, p.20)
Los recursos digitales no son vigilados contra su voluntad: participan activamente en la construcción de su propia celda. Al subir datos, fotos e impresiones por una necesidad interna de exposición, el smartphone deja de ser un simple utensilio técnico para ser un objeto digital de devoción que funciona exactamente como un rosario confesional móvil. La red social es la congregación global y el clic en el botón de “me gusta” casi representa un “Amén” .
La obsesión por los datos.
Se trata de algo meramente subjetivo, de un auxilio necesario que suple la falta de datos objetivos. En una situación compleja, siguiendo esta argumentación, la intuición es ciega. Incluso la teoría cae bajo la sospecha de ser una ideología. Cuando hay suficientes datos, la teoría sobra. La segunda Ilustración es el tiempo del saber puramente movido por datos. Dicho en la retórica profética de Chris Anderson: Adiós a toda teoría del comportamiento humano, desde la lingüística hasta la sociología. Olvida la taxonomía, la ontología y la psicología. ¿Quién sabe por qué la gente hace lo que hace? La cuestión es que lo hace y que podemos seguirlo y medirlo con una fidelidad sin precedentes. Con suficientes datos, los números hablan por sí mismos.5 El medio de la primera ilustración es la razón. Pero en nombre de la razón se reprimieron la imaginación, la corporalidad y el deseo. En virtud de una dialéctica fatal de la Ilustración, esta acaba convirtiéndose en barbarie. La misma dialéctica amenaza a la segunda Ilustración, que apela a la información, los datos y la transparencia. La segunda ilustración genera una nueva forma de violencia. La dialéctica de la Ilustración consiste en que esta, que ha surgido para destruir los mitos, acaba embrollada en la mitología: «La falsa claridad es solo otra expresión del mito».6 Adorno diría que la transparencia es también otra expresión del mito, que el dataísmo promete una falsa claridad. En virtud de esta dialéctica, la segunda Ilustración, que se opone a la ideología, acaba convirtiéndose en una ideología, incluso en una barbarie de los datos (Han, 2014, p.48)
El Big Data y el quantified self adolecen de un vacío ontológico y reducen la vida humana a una adición de números, datos e información que nosotros mismos otorgamos a nuestro celular. Las compañías, el poder y hasta el mismo gobierno quieren vernos como un algoritmo, pero la numeración no es narración.
El lema del Quantified Self es: Self Knowledge through Numbers, autoconocimiento por medio de los números. Los datos y los números, por mucho que abarquen, no proporcionan el autoconocimiento. Los números no cuentan nada sobre el yo. La numeración no es una narración. El yo se debe a una narración. No contar sino narrar lleva al encuentro con uno mismo o al autoconocimiento. El antiguo cuidado de sí mismo también está unido a las prácticas de tomar nota de sí mismo. La publicatio sui —Tertuliano— es una parte esencial del cuidado de sí mismo: escribir también era importante en la cultura del cuidado de sí. Una de las características más importantes de este cuidado implicaba tomar notas sobre sí mismo que debían ser releídas, escribir tratados o cartas a los amigos para ayudarles, y llevar cuadernos con el fin de reactivar para sí mismo las verdades que uno necesitaba.
Hoy se registra cada clic que hacemos, cada palabra que introducimos en el buscador; todo paso en la red es observado y registrado. Nuestra vida se reproduce totalmente en la red digital; nuestro hábito digital proporciona una representación muy exacta de nuestra persona, de nuestra alma, quizá más precisa o completa que la imagen que nos hacemos de nosotros mismos. El número de direcciones web es prácticamente ilimitado. De este modo es posible dotar a cada objeto de uso de una dirección en internet. Las cosas se convierten por sí mismas en proveedoras activas de información: informan sobre nuestra vida, sobre nuestro hacer, sobre nuestras costumbres. La extensión de la internet de las personas, web 2.0, a la internet de las cosas, web 3.0, es la culminación de la sociedad de control digital. La web 3.0 hace posible un registro total de la vida. Ahora también nos vigilan las cosas que usamos diariamente, estamos atrapados en una memoria total de tipo digital. El panóptico benthamiano carece de un sistema de anotación eficiente. Solo existe un «libro de normas» que registra los castigos realizados y los motivos. No se registra la vida de los presos. Con todo, al Big Brother se le oculta lo que los presos realmente piensan o lo que desean. Frente al quizá muy olvidadizo Big Brother, el Big Data no olvida nada. Solo por eso el panóptico digital es más eficiente que el benthamiano (Han, 2014, p.49- 50).
El capitalismo de la emoción y el horizonte de la resistencia son otras ideas a las que el autor también dedica páginas lúcidas. La distinción entre sentimiento y emoción: mientras que el sentimiento requiere de una duración y amplitud narrativa, las emociones y afectos son volátiles, eruptivos situacionales y poco duraderos. Son reacciones; el neoliberalismo capitaliza precisamente esta emoción porque es performativa y acelerada, y totalmente desproporcional a los sentimientos con dirección, en contraposición. Como los debates sin sentido entre “trad wives” y feministas, que imposibilitan la acción política común y el debate nacional pero que funcionan en esta economía atencional, donde lo importante es que tú reacciones sin entender realmente a lo que estás reaccionando.
¿Existe realmente una rendija para la emancipación frente a este sistema de control que actúa desde la inconsciencia digital? Para Han la verdadera resistencia no vendrá del incremento de la comunicación ni de la reivindicación de más información, sino de una praxis de psicologización y del idiotismo :
A la vista de la coacción a la comunicación y a la conformidad, el idiotismo representa una praxis de la libertad. El idiota es por esencia el desligado, el desconectado, el desinformado. Habita un afuera impensable que escapa a la comunicación y a la conexión: El idiota da vueltas como una rosa arrancada en el remolino de los hombres resueltos, de los hombres en consenso. Habitantes y miembros de una conformidad enigmática.4 El idiota es un hereje moderno. Herejía significa elección. El herético es quien dispone de una elección libre. Tiene el valor de desviarse de la ortodoxia. Con valentía se libera de la coacción a la conformidad. El idiota como hereje es una figura de la resistencia contra la violencia del consenso. Salva la magia del marginado. Frente a la creciente coacción a la conformidad sería hoy más urgente que nunca aguzar la conciencia herética (Han, 2014, p.65).
Mientras los psicólogos nos obsesionamos con la psicometría, las técnicas de la terapia cognitivo-conductual y nos formamos para tratar a los individuos como una reproducción algorítmica, la naturalización del hombre se pierde día con día. Poco a poco el autor asegura que se pierde la subjetividad concreta y sedimentada. Pero recuperando la idea filosófica del idiota o del herético, Han defiende el construir espacios libres, en soledad, silencio y quietud .
Se acerca el fin de nuestra humanidad.
A la «naturalización del hombre», según Nietzsche, pertenece «la disposición por lo absolutamente repentino y contrariador».1 Todo acontecimiento que destruye lo válido hasta el momento, el orden existente, es tan imprevisible y repentino como un acontecimiento natural. Escapa a todo cálculo y predicción. Simplemente da lugar a un estado totalmente nuevo. El acontecimiento pone en juego un afuera que hace surgir al sujeto y lo arranca de su sometimiento. Los acontecimientos representan rupturas y discontinuidades que abren nuevos espacios. Siguiendo a Nietzsche, Foucault se aferra a esa idea de la historia que «deja aparecer el acontecimiento en su radical singularidad». Por «acontecimiento» entiende Foucault la «inversión de las correlaciones de fuerza», el «derrocamiento de un poder, la modificación de una lengua y su uso hasta el momento por los otros hablantes».2 En él, se habla de repente otra lengua. Abre una fisura en la certeza dominante hasta el momento al invocar una constelación totalmente diferente del ser. Los acontecimientos son vueltas en las que se produce un vuelco, una caída del dominio. Un acontecimiento deja encontrar en su lugar algo que faltaba en el estado anterior (Han, 2014, p.62).
Aquí, todos somos controlados por la técnica de dominación neoliberal, cuyo fin ha pasado de explotar el tiempo a explotar la atención, la memoria, el lenguaje y todo lo que el humano utiliza para referenciar su humanidad. La filosofía (que ha sido terriblemente interpretada desde Descartes), por el contrario, parece ser la única salida que buscamos incesantemente en los libros de superación personal para volver a encontrar el sentido. Pero si quisiéramos ser realmente filósofos, o escapar de esta caminadora hedónica de la vida, se debe generar un nuevo idioma, pensamientos y lenguaje; dejemos de ser infómatas. Debemos aprender a ser primero ignorantes; el idiota que plantea Han es el único que tiene acceso a la otredad.
Puedes consultar la biografía del autor en su https://es.wikipedia.org/wiki/Byung-Chul_Han
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